Las aves marinas también sufren jet lag (y se les mueve la brújula)
Tras vuelos largos hacia el este, el reloj interno de la pardela pichoneta se atrasa hasta una hora y la desvía de su camino a casa.

Si alguna vez volaste de México a Europa, conoces la sensación: llegas, el reloj dice una cosa y tu cuerpo otra. Pues resulta que no somos los únicos. Un estudio que se publicó esta semana en la revista Science encontró que la pardela pichoneta, un ave marina que vuela cientos de kilómetros en un solo viaje, también se desfasa con el horario. Y eso le mueve la brújula.
Veinte años siguiendo pardelas con GPS
La pardela pichoneta (Puffinus puffinus) anida en madrigueras en islas frente a la costa oeste de Gran Bretaña e Irlanda, como Skomer, en Gales. Para alimentar a sus crías sale al mar y puede alejarse hasta unos mil kilómetros hacia el oeste antes de regresar a casa.
Un equipo encabezado por Patrick Lewin y Tim Guilford, de la Universidad de Oxford, junto con la Sociedad Zoológica de Londres, revisó 20 años de datos de GPS: 1,045 aves y 3,688 viajes de alimentación. De ahí se quedaron con 1,837 vuelos de regreso sin interrupciones para ver qué tan derecho llegaban a su colonia.
Un reloj interno que se queda atrás
Muchas aves se orientan con el sol, pero el sol cambia de lugar a lo largo del día. Para usarlo como brújula necesitan saber qué hora es, y eso se lo da su reloj interno. El problema es que cuando una pardela vuela rápido hacia el este, la hora solar del lugar avanza más deprisa que su reloj. Según el estudio, ese desfase puede llegar a cerca de una hora.
Con el reloj atrasado, el ave “lee” mal la posición del sol y se desvía en el sentido de las manecillas del reloj, a veces hasta unos 15 grados. Los investigadores compararon esta explicación con otra basada en el campo magnético de la Tierra, y la de la brújula solar fue la que mejor cuadró con los datos.
Se equivocan, pero saben corregir
Lo más curioso es que el error aparece incluso cuando las aves vuelan junto a una costa que pueden ver: según el desfase calculado, pasan más cerca o más lejos de tierra. Aun así, las pardelas adultas lo compensan sobre la marcha. Los autores calculan que, desde mil kilómetros de distancia y con un error promedio de 7 grados, corregir todo el tiempo les cuesta apenas unos 5 kilómetros extra.
Las que sí podrían pasarla mal son las jóvenes en su primera migración. Sin experiencia, esos pequeños errores podrían sumarse hasta desviarlas cientos de kilómetros.
¿Y también se sienten cansadas?
Eso todavía no se sabe. La siguiente pregunta del equipo es si las pardelas sufren otros efectos del jet lag, como los humanos, o si solo se les mueve la brújula. Por lo pronto, este estudio enseña algo bonito: hasta los mejores navegantes del océano tienen que ajustar el reloj.
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